Cuando ella murió, la muerte sin derecho
a Lulú dejó, dándole un cruel castigo, en el cual la parca la embarazó. Su buen
sentido del humor, al camposanto fue a parar, que después de muerta, la calaca
pudo ya admirar.
Muchas veces a la parca engañó, Leticia
de un muchacho se enamoró. Entregó toda su vida, pero a la catrina, no pudo
engañarla la muy ladina, y ahora descansa en el panteón, pues ni un paseo en
moto a la pobre la salvó.
A la muerte le mintió, pues le dijo que
no estudió. Nabor en la ruina falleció. Pasaron varios siglos, y su tumba
abandonada quedó. Lloraron en Bienvenido, a pesar de ser muy sentido. Matado
creyeron que fue, las tortillas siempre las hizo él, y ahora todos lamentan,
por tan destino tan cruel.
Señorita decían que era, pues Sonia
siempre lo fue; la pobre falleció y ninguna fantasía inspiró. Su familia está
de luto, no cabe duda, fue puro truco, pues ella reemplazó a la misma parca,
quien después de un tiempo, en su pareja ésta se convirtió.
Ni moviendo las caderas, ni sonriéndole
a cualquiera, Mextly se salvó. La muerte se la llevó, y ésta burlarse olvidó;
dejando tareas pendientes, que ella nunca realizó. En vida fue un poco floja,
el 3º B no lo negó, pero si se molestó, porque ninguna tarea les pasó.
El fútbol en vida fue su pasión, de Hernán,
un comentario burlón, nunca más se oyó. Quiso llamar la atención, pero la
calaca no se compadeció. Descansa ahora por fin, pues ya no será una pesadilla,
ni habrá alguien de quien se ría; y que se prepare el panteón, para la llegada
de este muchacho cabrón.
Moda y riqueza la parca le propuso, Saira
se negó, porque con eso ella siempre contó. A los difuntos presumió sus
colecciones, tomando en cuenta su caja de plumones. Siempre les mostró su
costoso celular, así también, que era de una prestigiada clase social. El
cementerio la succionó, pero pobre y amolada, ella se quedó.
La Feria de las Flores la esperó, pero Yureni
del Rocío nunca llegó. El camión en el que iba dio más de dos giros, y éste
rápidamente explotó. En la pensión siempre dormía, la muerte ya la poseía.
Varios lamentan su fallecimiento, pues es un terrible acontecimiento, nadie la
olvidará, y su sonrisa nunca más estará.
Ni la muerte le quitó lo santurrona,
aunque Yesenia era muy chillona. Sufriendo ahora está, en tan silencioso lugar.
Ni unas palabras de despedida dejó, pues ésta chica con nadie nunca habló.
Lágrimas derramaron, cuando a esta niña la enterraron. Nada se logró con esto,
y la muerte, de coraje, se la llevó con el resto.
La parca se le apareció, de un jalón, a
su hijo le robó; Miriam nerviosa gritó. Lamentándose está en el cementerio,
aunque eso no le quita su mal genio. Ahora ella tiembla de miedo, por estar
enterrada en tan profundo agujero.
Por su inteligencia Cecilia brillaba,
pero un terrible día, ella ya no estaba. Los maestros se preocuparon, pues no
hubo quien diera la clase, que ésta con gusto explicaba. En la memoria de todos
quedó, tan excelente alumna, que el cementerio sus puertas le abrió.
Any comía alegremente y sin ninguna
preocupación, hasta que llegó la muerte, y de la cooperativa se la llevó. Su
creatividad ya nunca más explotará, pues al camposanto ésta señorita fue a
parar. Que lamentable suceso, porque ahora ella, no muerde más que un simple
hueso.
Vivió en varios lugares, pero ninguno a Oscar
complació. Varias dudas quedaron, después de que a muchas viudas dejó. La
catrina le ofreció un trago, y éste gustoso aceptó.
Muchas lo recuerdan por esa bella
sonrisa, aunque no se lamentan, porque esto no es causa de risa.
Estaba Aída cuidando sus borreguitos,
cuando llegó la muerte, y esta muchacha gritó. Se puso roja del susto, su
rebaño lo comprobó. Ella se enterró, en un día con mucho sol. La tarea nunca
más le pudieron copiar, pues al cementerio esta mujercita fue a dar.
Por argüendera castigada está en el
cementerio. ¡Ay, Marisol malvada! De esta ni tu lengua te salva, pues te
juzgará la muerte sin miedo. La población está muy contenta, nadie ha oído que
se lamentan, pues esta niña ejemplar, un chisme al panteón fue a llevar. Que
lástima que murió, aunque el fin del mundo para ella llegó.
Griselda formó parte de un equipo de
básquetbol, al que a la muerte, una noche oscura retó. Ella perdió en una gran
derrota, se justificó diciendo: “mi balón ya no rebota”.
Guías de estudio ya nunca más memorizó, pues esta estiró la pata, y su maleta a
Tetela ya no llevó.
En competencia con sus amigas se
encontraba, pero ella por su altura las superaba. Lucho hasta el cansancio,
pero ella no lo logró, y la muerte vino a traer, a tan enorme mujer. Suri ha
muerto, la calaca la domó, le quitó lo desvelado, y sin ojeras la dejó.
Tenía tres pequeños hijos, que ella
huérfanos dejó, pues la parca se la llevó, a un pequeño panteón. Alegres pocos
se pusieron, pues muchos a Monse la quisieron; sobre todo los maestros, a quién
nunca les faltó, un detalle como estos. Lo que se debería ahora pensar, es
quien empezará el rosario, que en nombre de ella se va a rezar.
Nunca más veremos a Dianita, la muerte a
ella le tocó, y nunca más ésta filmó. Su negocio en el mercado, ya se encuentra
abandonado, aunque nadie se dio cuenta, de que ella ya ha marchado.
Todo mundo se resignó, porque por fin Mark
ya falleció. Su negligencia al fracaso lo llevó, que la calaca ya no toleró. Un
gran duelo se celebró, en el pueblo del que este joven llegó. Y tras su muerte,
él no dejó nada pendiente, aunque en vida, siempre en las nubes voló.
Nunca más Isaías la luz vio, pues sus
lentes la parca le quitó. Al cementerio ella lo llevó, cargando su motocicleta,
en la que este joven viajó. Enojada una señorita ya lloraba, pues a él siempre
lo abrazaba. En un ataúd el terminó, que ni se lamente lo ocurrido, porque su
vida ya se le acabó.
Damara de todo se quejaba, porque a su
casa nadie la llevaba. Al panteón rápido fue a dar, sin ningún chico que la
pudiera amar. Todo quería para ella, aunque esto no lo notaba aquélla. Ella
nunca más a la escuela faltó, pero un oscuro día, la abnegada falleció
Ningún comentario aceptaba, Marlene de
todo se quejaba. Le hizo ver la muerte, lo que ella llamaba suerte. Tiesa y
fría quedó, calor nadie le brindó. La calaca le dio otra oportunidad, para que
ella la supiera aprovechar, pero como no la supo cuidar, muy caro lo va a
pagar, quedándose en el cementerio, para toda la eternidad.
Molestaba él a cualquiera, no le
importaba quien fuera. Pero todo se le revirtió, adelantándose su muerte, que
por Ángel sólo llegó. En la Ceiba todo mundo lloró, hasta que un día, éste
revivió; todos se arrepintieron, porque nadie ya lo soportó.
Tres metros bajo tierra ella se
encuentra, con Maribel, ahora ya no se cuenta. No vale la pena llorar, pues ya
no habrá gritos que aguantar. Su hija la lamentó, aunque fue ella quien el
embarazó ocasionó. Flores al panteón le fueron a dejar, aunque todos muy
pronto, se tuvieron que resignar.
Isidoro a los muertos les habló, pues un
Rosario en su honor se rezó. Fue invitado a un grandioso lugar, donde a él lo
invitaban a tomar. A la calaca vomitó, ella muy molesta lo quiso sancionar, y
en el panteón lo fue a aventar. Lloraba en el cementerio, para aquellos que se
murieron de miedo, uno de ellos despertó, y para que se callara un beso le dio.
De Claudio termina la vida, y aunque a
la flaca pida que no sea cierto, el escritor ha muerto. Ya nada podemos hacer,
de la muerte no pudo correr. Sabemos que no tuvo suerte, pero a todos nos llega
la muerte. Ya nadie él molesta, y por eso es la gran fiesta; rían, canten y
coman, todos bailen y tomen, ¿pues no se han fijado, que todo se ha terminado?
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